En el libro de Daniel, cap 3, el rey mandó a hacer una imponente estatua para que todos "los pueblos, naciones y lenguas se postren y adoren la estatua de Nabucodonosor." Llegó el momento y todo habitante del imperio fue al campo de Dura, bajo la amenaza de ser tirados al fuego, y lo hizo. Sólo tres personas se negaron... Y fueron vistas.
Me pregunto ¿de miles de personas reunidas solamente se distinguieron tres?
Sí, así fue.
Se mantuvieron firmes en lo que creían y no cedieron a lo que estaba equivocado.
Y cuando iban a ser echados al horno ardiente, pronunciaron "nuestro Dios a quien servimos puede librarnos y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas oh rey, que no serviremos a tus dioses ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado." Y ahí terminaron 

Era una cuestión de principios. Estos jóvenes tenían bien en claro que habían rayas que de ninguna manera debían traspasar.
Y el poder de Dios se manifestó y Jesús no sólo no permitió que ni un pelo se les quemara sino que también los acompañó (Dn 3:21-28).
En 2 Crónicas 16:9 Dios nos dice "mis ojos contemplan toda la tierra para mostrar mi poder a favor de los que tienen corazón perfecto hacia mi."
No lo dudes, vos no sos menos querido para Dios que estos tres jóvenes. No tengas miedo en dar el ejemplo, en ser distinto, en defender lo que crees aunque seas el único.
Eso marca la diferencia. Sé diferente 